24 junio, 2011

¿Los grandes dinosaurios eran de sangre caliente?

Uno de los más grandes debates en torno a la paleobiología es si los dinosaurios eran de sangre fría (ectotermos) o sangre caliente (endotermos). Gracias al uso de una técnica empleada para determinar los climas ancestrales llamada termometría isotópica, investigadores estadounidenses liderados por el biólogo evolucionista Robert Eagle del Instituto Tecnológico de California  (Caltech), determinaron que la temperatura corporal de los grandes dinosaurios era similar al de los mamíferos modernos según reportaron ayer en ScienceExpress.

diente

Richard Owen, una de las máximas estrellas de la historia de la paleontología, fue quien acuñó el nombre dinosauria a los dinosaurios en 1841. Este término significa “lagarto terrible” y claro que es una denominación un poco impropia, ya que muchos de ellos no eran más terribles que un inocente conejo y tampoco son lagartos propiamente dichos; los lagartos son un linaje mucho más antiguo —divergieron 30 millones antes que los dinosaurios.

Fue por esta razón que se creía que los dinosaurios eran similares a los reptiles tradicionales como los lagartos, o sea, tenían escamas, movimientos lentos y la sangre fría. Pero, ahora se sabe que muchos dinosaurios eran extremadamente rápidos, dinámicos y fuertes, por ejemplo, el Velociraptor.

El tamaño es un factor clave en la temperatura corporal. Cuando un animal es más grande, su eficiencia para retener el calor es mucho mayor, así sean ectotermos. Pero, si son endotermos, el calor retenido por sus grandes cuerpos genera un problema de sobrecalentamiento (el calor corporal no puede ser eliminado con facilidad), algo que podemos apreciar claramente en los elefantes, quienes cuentan con unas prominentes orejas que funcionan a manera de radiadores. A este fenómeno se le conoce como gigantotermia. Es por esta razón que hasta ahora queda abierta la posibilidad de que los dinosaurios sean de sangre caliente o fría, aunque ayudaría mucho saber cuál era su temperatura corporal.

Un día Robert Eagle escuchó sobre una novedosa técnica desarrollada por sus colegas de Caltech (sí, el mismo lugar donde investigan Sheldon Cooper y compañía) que les permitía determinar las temperaturas de climas ancestrales en base a las cantidades relativas de isótopos raros del carbono y oxígeno, los cuales reaccionan de diferente manera en función a la temperatura del entorno —a bajas temperaturas, los átomos de Oxígeno-18 reaccionarán con mayor facilidad con los de Carbono-13, formando CO2. Esta técnica llamó la atención de Eagle porque podía aplicarla directamente sobre los huesos fósiles, cuya parte mineralizada está formada principalmente por bioapatita, para así tener un paleotermómetro.

Eagle et al. analizaron 11 dientes fosilizados de dos especies de grandes dinosaurios del grupo de los saurópodos de 150 millones de años de antigüedad: un Brachiosaurus de 30 toneladas y de un Camarasaurus de 50 toneladas, encontrados en Oklahoma y Tanzania, respectivamente. Los resultados de la termometría isotópica arrojaron que la temperatura corporal de estos dinosaurios fue de 38.2°C para el Brachiosaurus y de 35.7°C para el Camarasaurus.

Ahora el problema es saber cómo hacían estos grandes dinosaurios para no sobrecalentarse. Según los modelos matemáticos, si estos saurópodos fueran endotermos, su temperatura corporal alcanzaría fácilmente los 45°C, una temperatura sumamente elevada, incluso más que el de las aves. Eagle et al. plantean que sus largos cuellos y colas actúan como un sistema de refrigeración eficiente. Por estas partes de su cuerpo, los vasos sanguíneos se encuentran mucho más cerca a la superficie, facilitando la disipación del calor.

La otra explicación sería que su temperatura está regulada por el entorno, o sea, un ectotermo. Pero, como en el periodo Jurásico la temperatura global era elevada, no vieron la necesidad de evolucionar células que generen más calor. Sin embargo, los pequeños dinosaurios de dos patas que pudieron haber evolucionado en aves, si tuvieron la necesidad de adaptar sus células a producir la energía requerida para mantener tibios sus cuerpos.

Ahora Eagle quiere aplicar esta misma técnica a los fósiles de las crías o juveniles de estos saurópodos, así como también, a otras especies relacionadas pero más pequeñas, para ver si su temperatura corporal sigue siendo la misma a pesar de tener un menor tamaño. Esto demostraría que, en realidad, estos dinosaurios si pudieron haber sido endotermos. Además, se podría analizar los fósiles de otras especies más antiguas para poder determinar en que momento de la historia aparecieron los endotermos.


Referencia:

Eagle, RA; et al. Dinosaur Body Temperatures Determined from Isotopic (13C-18O) Ordering in Fossil Biominerals. Science. doi: 10.1126/science.1206196 (2011).

Vía | Science NOW.

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