08 abril, 2011

Los ambientes desordenados promueven la discriminación y la formación de estereotipos

Actualización 08/02/2012: El articulo fue retractado el 2 de Diciembre del 2011.

Para nadie es novedad que el estereotipaje —formar una imagen generalizada de un grupo de personas— y la discriminación —separar a grupos de personas por ser de un grupo social distinto considerado erróneamente como inferior— son comportamientos comunes dentro de la sociedad humana. En 1980 se propuso la idea de que los ambientes descuidados y desordenados podían influir en la formación de estereotipos y la discriminación, ya que estos ambientes generan la necesidad de crear un orden, usando categorías altamente simplificadas y prejuicios (estereotipos) los cuales facilitan su diferenciación (discriminación).

La relación que hay entre la discriminación y los estereotipos es que los grupos que son discriminados generalmente están asociados con estereotipos negativos (Ej.: peligrosos, contagiosos, ociosos, incompetentes), los cuales generan respuestas estereotípicas (Ej. mantener una distancia, tener miedo, exclusión del grupo o puesto de trabajo).

Dos investigadores de la Universidad de Tilburg en Holanda comprobaron esta hipótesis a través de una serie de experimentos en campo y en laboratorio, en el cual seleccionaban personas en ambientes ordenados y desordenados y les pedían que completaran una serie de cuestionarios para determinar su juicio acerca de diferentes grupos sociales. Los resultados fueron publicados hoy en Science.

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Stapel & Lindenberg realizaron dos experimentos en campo. Uno de ellos se llevó a cabo en la estación del metro de la ciudad de Utrecht, que para su suerte, la gente encargada de la limpieza se encontraba en huelga por un tiempo, brindándoles la posibilidad de hacer sus experimentos en un ambiente sucio y desordenado; y después de un tiempo —una vez levantada la huelga— en un ambiente limpio y ordenado.

Durante los días que estaba sucia la estación del tren, los investigadores tomaron el cuestionario a 40 personas que esperaban abordar el tren. Como premio por su colaboración se les obsequiaba unos caramelos o una manzana. Los investigadores les pidieron que juzguen —en una escala del 1 (nada en absoluto) al 9 (demasiado)— determinadas características aplicadas a diferentes grupos sociales (Ej.: musulmanes, homosexuales y holandeses).

Pero, el experimento no acabó ahí. Sin que los participantes se dieran cuenta, los investigadores les pidieron que completaran el cuestionario en un lugar más cómodo, el cual era zona con seis bancas alineadas, todas desocupadas a excepción de la primera. Así que los participantes podrían escoger sentarse en cualquiera de las cinco bancas restantes, ya que la primera estaría ocupada por una persona de raza negra o una de raza blanca, dependiendo del experimento. Entonces, tendríamos 4 diferentes situaciones: [ perdónenme por la ilustración :( , hice mi mejor esfuerzo….] Uno con el hombre negro y el ambiente sucio (1), otro con el hombre negro y el ambiente limpio (2), y lo mismo para el hombre blanco (3 y 4).

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Los dos hombres que estaban sentados en la primera banca, fueron sometidos a un examen previo, en el cual fueron considerados ambos como inteligentes, amigables, atractivos y abordables (o sea, facilones, ja!). Esto con el fin de que la única diferencia que se pueda percibir entre ellos sea el color de su piel.

En cuanto a los resultados del cuestionario, la media obtenida al momento de juzgar a los diferentes grupos sociales, fue mayor cuando la estación del tren estaba sucia (5.12 ± 1.01) que cuando estaba limpia (4.28 ± 1.03). Esto quiere decir que los ambientes sucios y desordenados crean una tendencia a formar estereotipos en las personas.

Por otro lado, cuando el ambiente estaba sucio, las personas se sentaban más lejos de la persona de raza negra; pero, cuando estaba limpio, se sentaban más cerca a él. Algo que no ocurrió con la persona blanca, donde los participantes se sentaban a la misma distancia esté limpio o sucio el ambiente. Este resultado indica que cuando el ambiente está limpio y ordenado, las personas no hacen distinción en base a la etnicidad del individuo que está sentado junto a ellos.

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Para el segundo experimento de campo, mantuvieron constante la limpieza del lugar —en este caso una calle de la ciudad holandesa— y variaron sutilmente algunas cositas para aumentar el desorden del lujar, por ejemplo: pusieron un auto mal estacionado y una bicicleta abandonada cerca a la vereda. Luego, se les tomó el mismo cuestionario a los voluntarios y, además, se les dio 5 Euros —en tres monedas de un Euro y cuatro de 0.50 centavos de Euro— a cada uno de los participantes.

Luego, se les pidió que donaran una parte del dinero a una supuesta fundación llamada “Money for Minorities” (“Dinero para las minorías”). Cuando los participantes respondieron el cuestionario en el ambiente desordenado tuvieron una mayor tendencia a crear estereotipos (5.07 ± 0.91) y la cantidad de dinero donado fue significativamente menor (€1.70 ± 0.96) comparado con el grupo control, quienes desarrollaron el mismo cuestionario, en el mismo lugar, pero con el auto bien estacionado y la bicicleta en un lugar adecuado (4.29 ± 1.00; €2.35 ± 0.93).

Pero, ¿esto se debe a nuestra necesidad de tener una estructura? Para comprobar esta hipótesis, los investigadores diseñaron unos experimentos que se llevaron a cabo en el laboratorio. Se les presentó a los participantes una serie de imágenes que representaban el orden (Ej.: libros en una biblioteca correctamente ordenados), el desorden (Ej.: la misma imagen con los libros desordenados) y la neutralidad (Ej.: las imágenes de los libros solitos). Luego, se les pidió que resolvieran un cuestionario en el cual se mediría su necesidad de una estructura, donde debían asignar una escala del 1 (completamente en desacuerdo) al 9 (completamente de acuerdo) ante las siguientes situaciones: “Me molesta cuando me encuentro en situaciones en las que no se que va a pasar”, “No me gustan las situaciones que son inciertas”, “Necesito de una estructura”; y también se les pidió que resolvieran el mismo cuestionario desarrollado para los experimentos de campo. En este experimento se observó la relación directa entre la necesidad de estructura y la tendencia a generar estereotipos, la cual se daba cuando observaron las imágenes que representaban el desorden.

estereotipo

Para determinar si las personas son conscientes del desorden, los investigadores desarrollaron un cuarto experimento en el que los participantes eran expuestos a una serie de palabras hacia uno de los extremos de su campo de visión, sin que fueran conscientes de que estaban leyendo las palabras. Las palabras presentadas hacían referencia al orden (Ej.: estructura, claridad, limpio), desorden (Ej.: caos, anarquía, desastre) y neutralidad (Ej.: silla, mesa, pelota). Luego, se sometió a los participantes a los mismos cuestionarios que en el experimento anterior. Los resultados fueron similares a los anteriores. Las palabras que representaban el desorden generaban una mayor necesidad de estructura y formación de estereotipos.

Finalmente, los investigadores mostraron a los participantes una serie de signos abstractos (Ej.: círculos, triángulos, cuadrados) en desorden, luego los sometieron a los mismos cuestionarios y evaluaciones que en los experimentos anteriores. Los resultados mostraron que también el desorden abstracto generaba una necesidad de estructura y formación de estereotipos.

Los cinco experimentos arrojaron prácticamente el mismo resultado: existe una relación importante entre el caos o desorden, con la necesidad de estructura, los estereotipos y discriminación. Los ambientes que son percibidos como caóticos invita a las personas a generar estereotipos, que es la forma como nuestra mente puede calmar momentáneamente su necesidad de estructura. Así que una forma de reducir la discriminación y estereotipos en las ciudades serían identificando las zonas más desordenadas y caóticas (Ej.: con lunas rotas, llenas de grafitis, con acumulación de basura), para poder convertirlas en ambientes ordenados (Ej.: parques, áreas de recreación), donde las personas ya no tengan la necesidad de generar estereotipos negativos y empezar a discriminar a los demás.




Referencia: 


ResearchBlogging.orgStapel, D., & Lindenberg, S. (2011). Coping with Chaos: How Disordered Contexts Promote Stereotyping and Discrimination Science, 332 (6026), 251-253 DOI: 10.1126/science.1201068

2 comentarios:

  1. Estupendo artículo!!!
    Muy interesante y revelador... Y es que el entorno, nos "moldea" más de lo que a veces nos pensamos. Claro que también nosotros, como individuos, contribuimos a cambiar nuestro entorno... El eterno dilema: es más importante, para entender quiénes somos, la estructura y el aprendizaje? ¿O es nuestra base biológica la que reproduce determinados entornos y nos conforma como personas?

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  2. Tienes razón, por ahora no tenemos un pleno entendimiento de como afecta el ambiente a la expresión de determinados genes, la epigenética cada día está tomando mayor importancia ya que nos explica como el ambiente puede llegar a modelarnos.

    También queda abierta la pregunta de si nuestras respuestas sociales están "programadas" en nuestros genes, ya que todo lo que somos no es más que reacciones químicas y de señalización que se llevan a cabo en la intrincada red neuronal, los receptores de señales y las enzimas involucradas en la biosíntesis de las moléculas señalizadoras y los neurotransmisores están codificados en nuestros genes, pero ¿qué hace que respondan de diferente manera ante diferentes situaciones sociales?

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