25 marzo, 2011

A pesar que los niveles de radiactividad en Fukushima están en aumento, no ocurrirá lo mismo que en Chernóbil

Bueno, creo que no es novedad saber que los niveles de radiactividad cerca a las centrales nucleares de Fukushima se han incrementado considerablemente, tanto así que ya están cerca de alcanzar las cantidades liberadas por el desastre de Chernóbil. Sin embargo, es necesario aclarar algunas por qué el accidente de Fukushima no se parece al de Chernóbil.

La principal razón de por qué Fukushima no es Chernóbil es que la explosión de uno de los reactores de la central nuclear de Chernóbil fue tan potente que no sólo se liberó Cesio-137 y Iodo-131 al ambiente, sino también, muchas otras partículas radiactivas como el Estroncio-90, y parte del combustible nuclear (Uranio) y su producto de decaimiento (Plutonio). En cambio, las partículas radiactivas liberadas en el accidente nuclear de Fukushima son de Iodo-131 y Cesio-137, los cuales por su volatilidad, escapan fácilmente de la contención del reactor. Además, para evitar que la presión interna en los tanques de contención aumente y produzca una explosión, de vez en cuando deben abrirse las válvulas de emergencia para liberar la presión contenida, escapando estos dos elementos radiactivos.

Por otro lado está el ambiente político y social de la época. Tras el accidente de Chernóbil, la Unión Soviética no informó a la comunidad internacional lo que había acontecido y decidieron mantenerlo en secreto el mayor tiempo posible. Pero, cuando los países vecinos empezaron a detectar niveles de radiactividad superior a los normales, ahí si tuvieron que dar una explicación. Tal vez, si la Unión Soviética no hubiera sido tan cerrada con sus asuntos internos y hubiera manifestado el accidente ni bien este hubiera ocurrido, muchas personas hubieran podido ser evacuadas rápidamente —tal como lo ha hecho Japón con las personas que viven 30Km a la redonda de la centra nuclear de Fukushima— y se hubiera podido reducir el número de personas muertas o con cáncer.

Finalmente, está el diseño mismo de los reactores. En los reactores nucleares de Chernóbil se usaba como combustible al Uranio natural, el cual tiene una baja concentración de Uranio-235, el isótopo que fisiona con mayor facilidad. Para usar este tipo Uranio, el reactor debería estar diseñado de tal manera que las reacciones nucleares se acelerarán fácilmente, volviéndose más vulnerable a una pérdida de control. En cambio, los reactores de Fukushima usan como combustible nuclear el Uranio enriquecido, el cual tiene un mayor porcentaje de Uranio-235. Así que los reactores de Fukushima están diseñados para controlar las reacciones nucleares, todo lo contrario a los reactores nucleares de Chernóbil. Esto los hace más seguros.

¿Cuánta radiactividad está liberando la central nuclear de Fukushima?

Según los últimos reportes, Fukushima libera aproximadamente de 1.2 a 1.3 × 1017 Becquereles por día —aproximadamente unos 3’380,000Ci (Curíes)— de Iodo-131. En los 10 días que estuvo expuesto el núcleo ardiente del reactor de Chernóbil, se liberó aproximadamente 1.76 × 1018 de Iodo-131, un 50% más por día que el liberado en Fukushima. Por suerte, la radiactividad se reduce a la mitad cada 8 días.

Por otro lado, la central nuclear de Fukushima libera aproximadamente 5 × 1015 Becquereles de Cesio-137 por día, mientras que en Chernóbil se liberó 8.5 × 1016 en total, casi un 70% más por día que en Fukushima.

Bueno, es inevitable que estos dos elementos se liberen al ambiente debido a su alta volatilidad, lo que debe evitarse es a fuga de otras partículas radiactivas que pueden llegar a ser más nocivas que estas dos. De hecho que habrá contaminación de ríos, lagos y mares con Cesio-137, pero, gracias a la cantidad de agua que tienen, el Cesio-137 se diluirá tanto, que las concentraciones serán tan bajas que no correrá riesgo la vida acuática.

El problema radica en la contaminación de los suelos, de los terrenos de cultivo, de los pastizales donde se alimenta el ganado. Así que una vez se controle el accidente nuclear, se deberá retirar una buena cantidad de suelo, por lo menos de 30 a 50 centímetros, para tratar de eliminar toda la contaminación radiactiva y evitar que llegue a los ríos debido a las lluvias, aumentando su concentración a niveles perjudiciales.

Si el Cesio-137 llega a ingresar a nuestro cuerpo, rápidamente se asimilará en los músculos y nuestro cuerpo tarda entre 10 a 100 días en eliminar la mitad de su concentración inicial (tiempo de vida media biológico). Durante este tiempo, la radiación podría causar graves daños en nuestro organismo.

Por otro lado, el Iodo-131 es perjudicial pero para los más jóvenes, así que las cápsulas de ioduro de potasio son una buena línea de defensa para evitar que el Iodo radiactivo se asimile por la tiroides. En adultos el daño es menor. En el diagnóstico y tratamiento del cáncer de tiroides, los pacientes toman soluciones orales de Iodo-131 con actividades que pueden alcanzar los 50mCi (1.85Mbq).

Vía | New Scientist & Science Insider.

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