15 abril, 2010

El T. rex de las sanguijuelas encontrado en Perú

En la selva, se encuentra cada cosa, insectos enormes, plantas extrañas, flores llamativas, es sin dudas, un lugar con formas de vida únicas. Las sanguijuelas son unas de ellas. Si bien es cierto, son muy conocidas no sólo en nuestro país, sino en muchas partes del mundo, especialmente, en zonas pantanosas, se caracterizan por chuparte la sangre hasta la saciedad. Sin embargo, una sanguijuela con dientes fue encontrada en las fosas nasales de nadadores de la selva peruana, ha llamado la atención de los investigadores sobre una nueva rama aún desconocida y horrorosa del árbol de la vida.

La Tyrannobdella rex, “el rey tirano de las sanguijuelas”, tiene el tamaño de un dedo meñique —no muy grande cierto— pero con una mandíbula con dientes cinco veces más grandes que aquellos encontrados en otras sanguijuelas. El primer espécimen fue encontrado por los doctores en 1997 en las fosas nasales de un niño de seis años del departamento de San Martín, que se quejaba de dolores de cabeza. El mismo año, la sanguijuela fue encontrada en un niño de 16 meses de Ayacucho. Hasta ahí solo habían dos casos reportados y no se le dio mucha importancia, tampoco se sabía d donde salían estas sanguijuelas. No fue hasta 10 años después que un tercer T. rex fue encontrado en la nariz de una niña de 9 años, que sintió como que lago se “deslizaba” por su nariz. Entonces, haciendo una investigación encontraron que todos estos niños se habían bañado en riachuelos de la Amazonía.

A este hábito de invadir los orificios del cuerpo y alimentarse de las membranas mucosas es conocido como hirudiniasis y ya se ha reportado en una variedad de especies de sanguijuelas del Oriente Medio, África y Asia. Sin embargo, los científicos han asumido que la T. rex y estas especies de sanguijuelas no están relacionadas, considerando sus hábitos de alimentación. Pero, al hacer un estudio más profundo, los investigadores encontraron semejanzas anatómicas y al hacer un estudio genético, se llegó a la misma conclusión. El T. rex y los otros alimentadores de membranas mucosas en realidad pertenecen al mismo grupo evolutivo. Las diferencias genéticas entre ellas reveló que el último ancestro común del T. rex y el resto de las sanguijuelas vivió hace unos 200 millones de años, cuando los dinosaurios alcanzaron dominar la Tierra. Entonces “un antepasado del T. rex pudo haber habitado la nariz de otro T. rex”.

Vía Wired Science.

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