01 octubre, 2009

Ardi, nuestra nueva madre

Entre los años 1992 y 1994, unos paleontólogos encontraron en Etiopía -cerca de donde se desenterró a Lucy 20 años antes- un fósil de un homínido que databa de hace unos 4,4 millones de años. Este homínido, cuyo nombre científico es Ardipithecus ramidus, ya caminaba en dos patas un millón de años antes que Lucy, convirtiéndose, por ahora, en el primer miembro del linaje humano.

Ardi, a diferencia de Lucy, emergió del bosque africano. La forma de sus huesos es muy diferente a la de Lucy, no parece ser un enlace entre el hombre y los grandes monos; ya que, hasta hace poco, creíamos que este “eslabón perdido” debía parecerse más a un chimpancé.



Ardi era mujer, medía 1.20m y pesaba alrededor de 50 kilos. Ardi no es la raíz de todos los homínidos, se cree los monos y el hombre divergieron hace unos 6 millones de años. De lo que si están casi seguros los científicos es que Ardi podría ser la raíz de los homínidos que finalmente llegaron a evolucionar en humanos. Pero, y donde quedan los chimpancés, con quienes compartimos más del 99% de nuestro genoma?
Si Ardi es la raíz de nuestra línea evolutiva debería parecerse en algo al chimpancé, pero esto no es así. Ardi es un mosaico muy interesante, ni chimpancé ni humano. Ardi tenía los dedos gordos del pie largos y de forma arqueada, lo que hace suponer que estaban especializados para trepar árboles, de ahí que nace la teoría de que este homínido emergió de los bosques. Ardi no posee grandes caninos, sus dientes estaban adaptados para comer frutos y quizás algunos insectos. Al no tener grandes caninos como los macacos y chimpancés, los científicos creen que ellos llamaban la atención de las hembras llevándoles frutos, y no mediante feroces luchas.



Hasta ahora teníamos una concepción “chimpancinesca” de nuestra evolución, y considerábamos al Australphitecus como la transición entre los monos primitivos y los Homo. Pero las características de Ardi hace que toda esta concepción sobre la evolución humana cambie.

Bueno, falta mucho por aprender y entender sobre nuestra evolución, pero este descubrimiento mantendrá a los científicos ocupados por un buen tiempo, hasta que aparezca un nuevo Lucy, Ida o un Ardi.

Vía | Nature News.

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